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Los fungicidas inhibidores del SDH, utilizados en numerosos cultivos, son tóxicos para la salud humana según un estudio científico

FungicidasSDHI

U
n grupo de médicos e investigadores franceses ha publicado un estudio en el que confirman la toxicidad para las personas de los fungicidas Inhibidores del Succinato Deshidrogenasa (SDHI). Este tipo de plaguicidas, autorizados por Europa desde la pasada década, se emplean para eliminar los hongos y se utiliza masivamente en diferentes cultivos (cereales, espárragos, hortalizas, frutales, viñedos…). El informe ha sido publicado en noviembre en la revista científica PLOS One.

Los SDHI bloquean la respiración de las células fúngicas, inhibiendo la actividad de la enzima SDH, pero “también la de las abejas, las lombrices o los seres humanos”, advierten los investigadores, para quienes una disfunción de la SDH “está asociado a graves patologías” porque los SDHI provocan “un estrés oxidativo de las células humanas, llevándolas a morir”. El informe determina que, si bien los SDHI de última generación –que se acaban de lanzar al mercado– no bloquean la enzima SDH, sí que lo hacen con otros elementos de las mitocondrias, lo que les vuelve peligrosos. “La alteración de mitocondrias conlleva un sinfín de enfermedades oculares, cardiomiopatías, encefalopatías, párkinson, alzheimer, en los niños… Pueden aparecer a cualquier edad y afectar a todos lo órganos”, alertan.

Estos fungicidas son fabricados por las grandes empresas agroquímicas, posicionadas en este mercado “que parece ser financieramente atractivo”. En esta tesis, los científicos han analizado los efectos de ocho SDI –los comúnmente conocidos flutolanil, fluopyram, boscalida, fluxapyroxad, penflufen, pentiopirad, isopirazam y bixafen– en la actividad mitocondrial de cuatro materiales biológicos, es decir, en células cultivadas en humanos, lombrices de tierra, abejas y hongos. 

Se emplean para eliminar los hongos y masivamente en diferentes cultivos como cereales, espárragos, hortalizas, frutales, viñedos...

De estos ocho productos, en el Estado español están todos autorizados y en uso, excepto el penfluflen. Y la salida al mercado de nuevos plaguicidas con base en estas sustancias es constante. Por ejemplo, una de las grandes compañías del mercado presentó en el Campus de Fungicidas de Cereal –celebrado en Valladolid y Vitoria en 2018–, ante más de 200 técnicos y agricultores, su último fungicida “estrella” formulado con Benzovindiflupir, otro SDHI permitido en nuestro país.

El uso de estos plaguicidas no exige utilizar grandes cantidades porque “son muy resistentes y muy tóxicos” y sus efectos no son específicos del objetivo pretendido, sino que “provoca una catástrofe ecológica y sanitaria ya que matan todo, no solamente los hongos”, como declara Pierre Rustin, director del CNRS, en una entrevista concedida en noviembre al periódico francés Libération. Rustin añade que “los fabricantes conocen que estos plaguicidas tienen una aplicación más general porque los venden para matar los nematodos (es decir, se registran también como nematicidas), como los gusanos blancos que infectan los campos de fútbol o golf” y, además, revela “que se utilizan de forma preventiva”. “Se tratan campos con altas dosis sin saber si son útiles o no. Nadie trata a sus hijos con antibióticos todos los días, pero en los cultivos sí se permite. ¡Es increíble!”, denuncia.

Los investigadores demandan una reacción por parte de la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria francesa (ANSES), para quien estos datos “no aportan elementos suficientes para activar una alerta sanitaria por la salud humana y del medioambiente”, aunque sí hace una llamada “a vigilar el nivel europeo e internacional de su uso” y señala la necesidad “de reforzar la investigación sobre los potenciales efectos toxicológicos para las personas”, investigación que, a raíz de este estudio, ya se ha comprometido a llevar a cabo y cuyos resultados dará a conocer en el primer semestre de 2020. Para el director del CNRS, “afirmar que no hay peligro es inaguantable” y como científico hace una advertencia, “la ANSES debe tener en cuenta de inmediato esta situación clara y evidente, en la que no cabe ninguna ambigüedad, y prohibir el uso de estos fungicidas inmediatamente”, exige Rustin.

www.journals.plos.org

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