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La Fertilidad de la Tierra⎢Agricultura ecológica
 
 
 
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Los albaricoques, en su punto

 

ALBARICOQUE

H
ay leyendas preciosas, que hablan de árboles tan añorados por el ser humano que los sembraba o plantaba allí donde se asentaba. Así sucede con el albaricoque cuyo nombre significa algo así como “temprano”, pues inicia la primavera junto al almendro. Fueron los médicos árabes quienes nos lo trajeron, se esforzaron en llevarlo de la mano por los beneficiosos efectos de comer sus frutos para los ojos, el hígado y la piel… hoy se cuantifican también sus vitaminas, desde la A, B1, B2 a la C, y su contenido en hierro y magnesio entre otros aportes interesantes.

A Europa norte les llegó más tarde, por la ruta de la seda, sin instrucciones culturales, y no supieron qué hacer con él hasta casi el siglo XV, incluso hoy solamente lo valoran como mermelada, o por el aceite de su almendra –comparable al de rosa mosqueta para la tersura de la piel– para uso cosmético, porque aún hay quien mantiene que es tóxica. En nuestra gastronomía contamos con el legado árabe que no solo nos enseñó por qué eran valiosos, sino que logró variedades como el albaricoque de Toledo, con su almendra dulce.

Somos afortunados, porque los tenemos cerca y ecológicos, y podremos comerlos recolectados en su punto de madurez

También los hay con frutos desde casi blancos a los naranja intenso, todos de sabor dulce, meloso y fresco: Rouge del Rosillon, Bergeval, Bergarouge, Bergeron, que por este orden maduran en el Norte; en Levante los tradicionales Galta Roja, Rojo Palabras y Canino, pequeños pero sabrosos; la variedad Maniquí, de carne blanca y exquisito sabor es muy valorada entre los cultivos de Aragón y Cataluña y ya en Murcia el más conocido es el Bulida, especialmente jugoso, naranja, dulce; luego el Mirlo Blanco, el Alba, el Rojo Pasión, el Murciana… todos ellos deliciosos. A condición, insisto, de comerlos en su punto de madurez. Son un regalo para personas ancianas, para convalecientes, para los niños, para los tristes…. porque si el hígado es el órgano de la melancolía, el albaricoque le aporta un guiño de felicidad.

Rosa Barasoain

 

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