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La Fertilidad de la Tierra⎢Agricultura ecológica
 
 
 
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Nos deja el hombre que nos enseñaba a “observar de otra manera” la Naturaleza

 

Xavier Florin

E
l día 15 de agosto, Xavier Florin, investigador, antropósofo, agricultor, divulgador, asesor y maestro en biodinámica, dejaba el mundo físico a la edad de 87 años en su casa de St. Paul La Roche (Francia). Fue el lunes 19 de agosto cuando la familia y los amigos hicieron una ceremonia de despedida. Desde estas líneas queremos comunicarlo y sumarnos con gratitud a su homenaje y recuerdo. Hacía ya tres años que su salud era débil, aunque ya desde la juventud había sobrevivido a duras crisis que fueron las que le llevaron a descubrir los beneficiosos efectos de los alimentos biodinámicos y a observar “de otra manera” las plantas que pueden curarnos. Superándose para dar lo mejor de sí mismo, su paso ha dejado huella y buenos continuadores de su labor.

Una vida dedicada a la biodinámica y a la antroposofía
Él había nacido muy al norte de Francia, cerca de Lille, en Tourcoing, una gran aglomeración industrial, y tanto su apellido como los nombres que le pusieron al nacer, Francisco Xavier Fidel tienen un histórico origen español. Su padre era fabricante de lanzaderas para telares, pero a pesar de crecer en esta ciudad llena de chimeneas fabriles contaba que desde los siete años tuvo la convicción de que sería granjero. En el pequeño huerto familiar supo crear su pequeño oasis donde cultivaba flores y hortalizas y cuidaban de algunos animales. En su juventud la salud se quebró y esa búsqueda le llevaría a conocer los alimentos procedentes de la agricultura biodinámica. Había encontrado no solo una vía de curación sino también una vía de estudio e investigación.

Pionero en agricultura biodinámica, ahora tan reconocida, hace ya años la definía así: “Supone dar importancia al aspecto dinámico de la vida. No es solo importante lo que toma la planta, sino cómo y en qué momento lo toma”. Como agricultor dirigió varias granjas biodinámicas y durante un tiempo, con ayuda de su esposa Maguy, elaboraba los preparados biodinámicos para toda Francia desde el Mouvement de l’Agriculture Bio-Dynamique.  Colaboró en la creación de dos centros de pedagogía curativa en Normandía y de un laboratorio de alquímica junto con Spindler; fue profesor de la Escuela Politécnica y dio clases en un Instituto Agrícola, el primero que empezó a impartir agricultura biodinámica en Francia. Estuvo casi dos décadas como asesor internacional (muy requerido, llegó a viajar por ejemplo hasta las zonas afectadas por la radiactividad en Chernovil). Además, fue cofundador en Francia del Mouvement de l’Agriculture Bio-Dynamique, del Syndicat d'Agriculture Bio-Dynamique y de Demeter-Francia; miembro de la sección de Ciencias Naturales en la Escuela Libre Superior para la Ciencia Espiritual, con sede en el Goetheanum, profundizando en antroposofía y en química, siempre tras el estudio de las posibilidades curativas de las plantas.

Los cursos y sus visitas a España
Es difícil expresarlo en pocas palabras, pero Xavier Florin ha sido uno de los grandes divulgadores de biodinámica en Europa. Con su estilo pedagógico insistió y mucho en la vía científica goetheana, que observa lo vivo en su propio entorno, en la Naturaleza. En castellano solo se ha publicado uno de sus libros “Cultivar en armonía con la Luna y el cielo”, y es autor también de artículos memorables, algunos de los cuales tuvimos la suerte de traducir y publicar en La Fertilidad de la Tierra.

La primera vez que pudimos asistir a uno de sus cursos y entrevistarle tenía ya una edad avanzada, estaba jubilado pero su vitalidad impresionaba. Fue en Galicia, en Silleda (Pontevedra), donde la arquitectura sagrada, la frondosidad del entorno resaltaban todos sus ejemplos. Luego seguirían  los cursos en Navarra, País Vasco, Cataluña… siempre impartidos de manera magistral, ejemplar, porque su propia vida era una entrega a la ciencia viva y a la observación goetheana. La enseñanza sobre agricultura empezaba en la planta. En el campo, nos ayudaba a abrir la mirada a las que nos rodeaban, explicando cómo sus características y virtudes van unidas. Nos decía “no creáis mis palabras, aprended a ver, a observar y a sentir la vida en la Naturaleza, en su medio”. Era otra mirada científica, en otra dirección, insistiendo siempre en que la vida no tiene nada que ver con la mecánica, y en que la ciencia si se encierra en el laboratorio lleva a conclusiones erróneas.

Tan sabio y pedagógico, delgado y expresivo como un mimo, de voz profunda y una intensa mirada azul que siempre recordaremos, le gustaba jugar con el origen de las palabras, como el verbo enseñar, en-seigner, que él traducía en hacer de los alumnos “señores”, personas adultas, con conciencia de nuestras palabras y obras, sin caer en el desánimo ni la desesperanza. Como le escuchamos decir, “La Ley de la vida es la Ley de las olas: avanzar y retroceder. Hay que aprender del pasado, actuar en el presente y prepararse para el futuro”.

Rosa Barasoain y Fernando López

Aquí os dejamos una entrevista que le realizamos en el año 1999 y publicada en la ya desaparecida revista Savia.

 

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