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La Fertilidad de la Tierra⎢Agricultura ecológica
 
 
 
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Alerta ante la recomendación de neonicotinoides para frenar a la avispa asiática

vespa velutina

A
nte la proliferación de la avispa Vespa velutina, que diezma a las abejas, se están tomando medidas que pueden ser todavía más dañinas a medio y largo plazo, empleando pesticidas muy tóxicos para ellas y para la fauna auxiliar en general. Así lo han denunciado algunos apicultores que han tenido noticia de que incluso desde asociaciones de apicultores se está experimentado con productos como el fipronil, un plaguicida prohibido en la UE para tratar semillas de girasol y de maíz, por el riesgo agudo que supone para las abejas o el imidacloprid prohibido durante dos años y de nuevo en revisión por ser un neonicotinoide, un tóxico persistente del que la propia EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) señala la necesidad de prohibir definitivamente por sus efectos mortales en los polinizadores.

Algunas marcas comerciales estarían introduciendo precisamente plaguicidas prohibidos, o en vías de serlo por su toxicidad, como remedio milagroso mediante una técnica que consiste en capturar una avispa viva, ya entrado el atardecer, cortarle las dos patas de atrás, e introducirla en un frasco en el que previamente se ha echado el plaguicida. Al embadurnarse de ese polvo tóxico y no poder limpiarse porque ya no tiene las patas traseras, parece ser que vuela directamente al nido, donde actúa como una especie de troyano. Según nos han comentado algunas fuentes, el riesgo es qué ocurre con todas las avispas muertas próximas al nido, pues seguramente entrarán en la cadena trófica y se producirán nuevos y mayores daños de los que ya causa la agricultura química.

Los expertos coinciden en que lo más eficaz es retirar y destruir los nidos, y hacerlo precisamente cuando los árboles todavía tienen hoja –a pesar de la dificultad para localizarlos– pues si esperamos a que no tengan hojas las nuevas reinas ya habrán volado con nuevos enjambres y los habrán abandonado. De ahí que los apicultores estén recurriendo a alejar sus colmenas de zonas con mucha presión de avispas. La esperanza es que este insecto depredador no sobreviva por encima de 900 m de altitud –pero ya se han retirado nidos a una altitud de 800 m– y que la climatología de las zonas interiores no le sea tan favorable y le frenen.

Hay recursos como el empleado por algunos apicultores franceses que han colocado gallinas que coman avispas en los alrededores, pero es poco eficaz; se ha probado a poner trampas con cebos atrayentes: a primeros de junio en botes de cristal con la tapa agujereada con una mezcla de cerveza negra, vino blanco y zumo de arándanos, a modo de trampa, y a finales de agosto cambiar el brebaje por una mezcla de glucosa y zumo de manzana; otro recurso más –y todo suma– es colocar alrededor de la colmena una malla de plástico o metal galvanizado por cuyos huecos (de 4mm) pueda pasar una abeja reina pero no una Vespa velutina.

Debemos seguir buscando soluciones, que pasan por localizar y destruir los nidos de avispa, y por evitar en todos los casos los productos tóxicos y todo manejo que afecte a la salud y vigor de las colmenas. 

 Fotografía: Danel Solabarrieta (CC)

 

La Fertilidad de la Tierra - revista de agricultura ecológica

  

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