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Ideas prácticas

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PLANTAR BIEN LOS TOMATES

Las plantas de tomate tienen gran facilidad para enraizar y cuantas más raicillas desarrolle más recibirá a través de ellas nutrientes y sales minerales. Por eso para plantarlo podemos cavar un hoyo de 15cm de  profundidad y alargarlo horizontalmente, de manera que podemos colocar el cepellón en horizontal y enterrar dejando el tallo doblado hacia arriba, porque así desarrollará más raíces.

Otra forma de hacerlo es cavar un hoyo de 20cm de profundidad y colocar el cepellón en el fondo, dejando enterrados algunos centímetros de tallo. Incluso podemos cortar la dos primeras hojas para facilitar la operación. A continuación rellenaremos el hoyo con una mezcla de tres cuartas partes de tierra y una cuarta parte de compost bien descompuesto, porque el tomate es muy exigente en materia orgánica (nunca pondremos el compost puro ni ortigas en el fondo del hoyo). Regar bien y empajar. Cuando la planta haya crecido un poco, suprimir las hojas más bajas y acollar un poco para que desarrolle todavía más raíces. Mantener la humedad con un acolchado tupido, por ejemplo de abundante paja.

Sobre el cultivo del tomate bájate este artículo publicado por Mariano Bueno en el nº 9 de La Fertilidad de la Tierra (ya agotado)

 

NI MUCHO NI POCO, REGAR BIEN

Para que sea eficaz el riego debe ser copioso. Es difícil indicar aquí brevemente la cantidad necesaria porque dependerá del clima y del tipo de tierra. Pero una clave es no limitarse a mojar la superficie de la tierra, sino asegurarse de que el agua ha penetrado bien y profundamente, lo más cerca posible de la planta. La lluvia sólo sustituirá a un riego si caen más de 10mm, es decir 10 litros por metro cuadrado. Después del riego mantener la humedad por medio de algún tipo de acolchado y sobre todo procurar no mojar las hojas de las plantas al regar. El riego por aspersión es el más derrochador y además en algunas plantas fomenta problemas de hongos.

Sobre un tipo de riego sencillo y eficaz, puedes ver el artículo Goteo por gravedad, publicado en el nº 9 de La Fertilidad de la Tierra (ya agotado)

 

EL HIELO, ALIADO DE LAS TIERRAS ARCILLOSAS

En primavera trabajar una tierra arcillosa tiene su dificultad. Se habrá quedado dura y compacta, mientras que si está todavía húmeda es tan pegajosa que mejor ni tocarla, algo que impacienta cuando se acerca la fecha se sembrar. El truco es emplear en otoño herramientas para airear la tierra, o la horca de doble mango, que airea y descompacta sin voltear. Al ser tierras que retienen agua, la alternancia de lluvias y heladas romperán los gruesos tormos hasta deshacerlos, dejando para la primavera una tierra lista para la siembra. Y si quieres saber qué necesita, aprende a observarla: bájate este artículo publicado en el nº 15 de La Fertilidad de la Tierra (ya agotado)

CONSERVAR LAS PATATAS

 

No es bueno dejar las patatas con guíos, porque pierden toda su vitalidad. Hay que quitarlos a mano y así se conservarán mejor, porque los antigerminantes químicos además de tóxicos están prohibidos en agricultura ecológica. Lo mejor es guardarlas en un lugar sombrío y fresco, al abrigo tanto de los hielos como del calor. Si en un local pequeño intercalamos bandejas de patatas con bandejas de manzanas, el gas etileno que desprenden estas últimas será un buen antigerminativo natural. Para conservar bien ajos y cebollas bájate el artículo publicado en el nº 14 de La Fertilidad de la Tierra (ya agotado)

QUÉ HACER CON LAS HOJAS CAÍDAS

 

Las hojas caídas ya no serán una basura que da trabajo, sino un rico ingrediente con el que elaborar un buen compost para el jardín.

Sirven la mayoría de las hojas (frutales, setos, árboles ornamentales) sólo hay que evitar aquellas de fuertes taninos como las de nogal, y tener en cuenta que algunas se descomponen muy lentamente. Si las ponemos alternando en capas con restos de hierba y estiércol fresco formando un montón de al menos 1m3, en 3 meses estará listo. Hay otras formas, puedes verlas en el artículo que te invitamos a bajarte gratis. Fue publicado en el nº 6 de La Fertilidad de la Tierra (hace tiempo agotado).

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